martes, marzo 05, 2013

Resumen del Epílogo y post Scriptum de la Revolución del 44


EPILOGO:
Manuel Galich, escribió desde su exilio en Argentina un libro, en donde se hacía un balance de lo acontecido en la década revolucionaria. Haciendo un recuento de las calamidades atravesadas en Guatemala en los 107 años anteriores a 1954, incluía en éstos a las tres revoluciones: la de 1871 “El régimen conservador derrotado por las fuerzas liberales”; “1920: Cuando el dictador Manuel Estrada Cabrera había sido derrocado”; “1944: cuando un movimiento revolucionario había puesto fin a la dictadura ubiquista y a su sucesor, Ponce Vaides. Y finalmente una agresión extranjera, la de 1954.
En el sigo XX está terminado, se ha llegado a las cifras convencionales que se han mencionado al principio. La aritmética ha sido insuficiente una vez más, hoy la violencia política ha amainado, cuando los acuerdos de paz inauguran una nueva etapa en la vida de Guatemala, los diversos derechos humanos se plantean lo que podría ser el resarcimiento para los familiares de aquellos que fueron asesinados o desaparecidos durante los largos años del conflicto interno. Si la sociedad civil pudiese hacerle un juicio al Estado por lo sucedido fácil es pensar cual sería el veredicto: Culpable. Culpable de haber roto aún la propia legalidad la cual tenía que preservar aunque los ciudadanos que se le rebelaban la hubiesen interferido, culpable de haber actuado delincuencialmente, de haber conspirado criminalmente contra la ciudadanía que se le había revelado. Culpable de haber actuado de tal manera que el rol de supuestamente tenía que cumplir como Estado, la protección de sus ciudadanos o el castigo de acuerdo a la ley, fue completamente desvirtuado al ejercer la inmensa mayoría de violación a los derechos humanos. En esta investigación partamos del criterio: la violencia deber ser analizada objetivamente, es decir como resultado de determinadas formas de relaciones sociales, no implica que eludamos el problema de la eticidad o de la moral con relación a la violencia. Hemos mencionado en el capítulo primero al asumir la violencia como algo muy vinculado a la política, Maquiavelo postuló que de hecho existía como una realidad. Maquiavelo fue satanizado porque desvinculó la moral de la política, al expresar opiniones que han sido condensadas en el famoso aforismo de “El fin justifica los medios”, NO fue el único también lo hizo: Hegel, Marx, Weber, Croce, Pareto, de diversas maneras separaron la lógica de la moral, de la lógica de la política, todos ellos al hacerlo consideraron que solamente era posible hacerlo, si el fin que se buscaba al transgredir la moral era legítimo. Aún Maquiavelo, expresó que esto era posible hacerlo si el propósito eran “las grandes cosas”.
Independientemente de que buena parte de los planificadores y ejecutores del terrorismo de estado en Guatemala, podrían dejar perplejo al mismo conde Drácula, lo que habría que ver es si actuaron de acuerdo al precepto establecido por Maquiavelo en alguna de sus obras “Cuando hay que resolver acerca de la salvación de la patria, no cabe detenerse en consideraciones de justicia o de injusticia, de humanidad o de crueldad, de gloria o de ignominia. Ante todo y sobre todo, lo indispensable es salvar su existencia y su libertad. ¿Habrá algún fin tan legítimo que justifique el genocidio?. Todos aquellos que asesina  o desaparecen a miles y miles de sus compatriotas lo hicieron persiguiendo un fin legítimo.
Lo que hicieron gobernantes, jefes militares y policiacos, empresarios, dirigentes políticos y todo aquél que se involucró en las acciones de terror represivo, fue algo inmoral desde cualquier punto de vista, a todos aquellos que tuvieron en sus manos aparatos represivos y tomaron las decisiones criminales respectivas.
Hoy demandan en Guatemala las diversas organizaciones de los derechos Humanos: La búsqueda y establecimiento de la verdad con respecto a los hechores intelectuales y materiales, el castigo correspondiente a los mismos y el resarcimiento moral y económico a los familiares de las víctimas. Pero este proceso judicial no es posible. Las amnistías declaradas a lo largo de todos estos años lo impiden el esclarecimiento de la verdad.
De acuerdo con el Acuerdo Sobre el Establecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los Derechos Humanos y los Hechos de Violencia que han causado sufrimiento a la población guatemalteca, el esclarecimiento de la verdad será parcial o de carácter general puesto que no se podrán individualizar responsabilidades, esto es sindicar expresamente autores intelectuales y materiales. En la medida en que no se individualizarán responsabilidades, el asunto del castigo también queda como interrogante si no es que descartado. Y la fortuna de tales procesos en las actuales condiciones es incierta. La frustración de los familiares de los desaparecidos ante ésta situación se refleja en el testimonio de María Elena Bustamente: “…siento como si te hubieran desaparecido hoy, me niego a aceptar que por la aprobación de la Ley de Reconciliación no pueda reclamar el esclarecimiento de tu desaparición. Estoy atada de manos frente al sistema judicial.”.
El acuerdo sobre el esclarecimiento histórico originó mucho descontento entre las organizaciones de derechos humanos en Guatemala.
Con respecto a los ejecutados extrajudicialmente, el acuerdo sobre el esclarecimiento histórico posibilita el que se conozca la verdad de las circunstancias en las cuales ellos fueron asesinados, pero no se podrán individualizar responsabilidades. Con respecto a los desaparecidos, la situación será todavía más compleja. En el caso de que los familiares finalmente asumieran formalmente que sus desaparecidos ya se encuentran muertos.
El problema estriba en que puede darse respuesta a las siguientes interrogantes: ¿A quién preguntarle dónde se encuentran éstos restos?; ¿A dónde dirigirse para que éstos sean devueltos?; ¿Quiénes se atreverían a indicar que los restos de un/a desaparecido/a se encuentra enterrados en tal lugar? “Si los restos de nuestros familiares apareciera, afirma Nineth Montenegro, las cosas cambiarían muchísimo. En primer lugar porque al fin tendríamos aunque fueran los huesos del ser amado, tendríamos oportunidad de enterrarlos y cerrar un capítulo de nuestras vidas. En segundo lugar, las que fuimos esposas podríamos sentirnos viudas.
Después de examinar las circunstancias en que se firmó la paz en Guatemala, y asimismo examinando el contenido del acuerdo mencionado, el analista no puede dejar de preguntase: ¿Saldrán algún día de sus atormentadoras dudas los familiares de los desaparecidos?
Si antes la violencia política era un tema de conversación entre los guatemaltecos de campos y ciudades, hoy la violencia delincuencial se ha convertido en uno de los tópicos más importantes en los cascos urbanos. Los centros urbanos principalmente la capital del país, resisnten a fin de siglo los efectos sociales de la “década perdida”, unidos a los que generó la guerra entre el Estado y la insurgencia. Entre éstos efectos se encuentran la proliferación de las maras, las numerosas bandas de jóvenes urbanos que en determinados lugares son un azote para los ciudadanos honrados, se puede concluir que el aparato de seguridad pública y el sistema judicial están siendo rebasados por este problema: corrupción en el seno de éstas dos instancias, lentitud en los procesos judiciales, insuficiencia de la infraestructura carcelaria.
El crimen Callejero y de poca monta coexiste con el organizado y de gran envergadura. Los secuestros continúan sucediendo, pero el objetivo de éstos ya no es la búsqueda del dato, la eliminación o la intimidación. Tampoco es el secuestro en la actualidad un programa gubernamental de carácter represivo. Se trata de acciones de particulares que tiene como fin primordial el lucro. El impacto que provocan estos hechos en la opinión pública, la difusión en la prensa, son notables. El lector de los periódicos, puede constatar el drama humano que implican los secuestros de hoy se están practicando en Guatemala. Al igual que lo que ha sucedido con la desaparición forzada, dichos secuestro dejan una secuela de daño moral y psíquico de largo plazo. También el lector puede observar la ira justificada que han provocado estos actos en general al aumento de la delincuencia.
El auge delictivo sea éste crimen callejero o crimen organizado provoca al menos 3 reacciones. La primera no se dice en voz alta, es el deseo expresado de manera vergonzante, de que los delincuentes conocidos sean ejecutados sumaria y extrajudicialmente. Dicho deseo ha tenido realizaciones practicasen diversas ocasiones en estos últimos tiempos: de ver en vez aparecen en la ciudad un número apreciable de personas que han sido ejecutadas que tiene antecedentes penales. Una segunda reacción es que el auge delictivo ha hecho aún más popular la pena de muerte. En realidad esta reacción vendría a ser la “variante legal” (La primera existe al margen del estado de derecho mientras que la segunda está inscrita en éste), sin embargo tienen la solución a problemas sociales muy complejos. Por último La tercera reacción es la reafirmación de la idea de que la única solución para que en el país desaparezcan malandrines de mala muerte, delincuentes de marca mayor y criminales de cuello blanco, es que el país sea gobernado con Mano dura por un hombre enérgico, recto e implacable. Vemos aquí asomar a una de las fuentes  o partes integrantes de la “Cultura del terror” en Guatemala.
Si se analizan bien cada una delas reacciones analizadas, se encontrará que el sustrato común en ellas es el terror como solución.  El crimen organizado no es tampoco visto como el resultado de la descomposición social que la guerra, narcotráfico y el neoliberalismo están heredando a las nuevas generaciones. En la lógica de la “Cultura del terror” el aumento de la delincuencia des debido a la existencia de seres incorregibles y acostumbrados a vivir bien a expensas de los demás. He aquí la lógica simplista del autoritarismo, la lógica de aquellos que hoy siguen pensando en el terror como forma de solución a la delincuencia, es la misma de los que apenas hace unos años veían en el secuestro y la desaparición de personas, la necesidad y hasta deseable consecuencia para aquellos que se atrevieron a desafiar al orden establecido

POST SCRIPTUM
Cuando ya se encontraba en prensa este libro, representantes de distintos organismos estadounidenses, revelaron en una conferencia de prensa celebrada el 20 de mayo de 1,999 la existencia de un archivo secreto que contiene las fichas de 183 personas que habían sido desaparecidas. El archivo revela que la mayoría de ellas fueron posteriormente ejecutadas extraoficialmente. El archivo que pudo haber sido elaborado por la sección de inteligencia del ejército guatemalteco o por el Estado Mayor Presidencial. Esta instancia supuestamente era el Staff militar allegado al Presidente dela República ilustran muchos de los aspectos.
En primer lugar provoca indignación y el renacimiento de la esperanza de los familiares de las víctimas mencionadas en dicho archivo. Indignación de saber que estas víctimas en su mayoría estuvieron entre 2 o 3 semanas sometidas a las torturas que ya hemos mencionado, para finalmente ser ejecutadas. Esperanza de poder encontrar los restos de las víctimas.
El general Mejía Víctores declaró: que el archivo descubierto no cumple con los requisitos de la burocracia de la muerte: “todos los documentos que elabora el ejército, manifestó, son hechos en papel membretado y llevan firmas y sellos. Jamás vamos a hacer documentos en papeles corrientes y con máquinas desajustadas”. Según Mejía Víctores, la revelación del archivo a sido hecho por quienes querían “establecer el comunismo en Guatemala”.
Martha Altolaguirre, ha aceptado la autenticidad del citado documento. El que fuera comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Rebeldes, ahora secretario general del Partido Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG), Jorge Soto García, ha declarado que “puedo hablar de quienes integraban las FAR y todo lo que en ese documento se indica es cierto. Cuando se ha defendido al general Mejía Víctores no se ha salido de los parámetros discursivos de la “cultura del terror”.
Algunas resistieron las torturas y no dieron ninguna información, por lo menos que resultara útil a sus victimarios. Finalmente fueron ejecutados o de manera espectacular e increíble, escaparon de sus captores. En cambio, Carlos Humberto Quinteros (conocido como Miguel o el hombre lobo) militante dirigente del Partido Guatemalteco del Trabajo o PGT-PC. Fue capturado el 9 de octubre de 1983 junto con Héctor Rolando Valdez. Este último fue ejecutado tres meses después, de enero de 1984. La burocracia de la muerte decidió dejar vivo a Quinteros y después de muestras fehacientes de su traición, le perdonó la vida: entregó varias cosas usadas por su organización, probablemente participó en la delación y ejecución de res altos dirigentes del PGT. Se supo que había participado en la ejecución en una de las calles de la ciudad de Guatemala de Benjamín Rolando Orantes, ex dirigente de las FAR. Después de entrar en disidencia con su antigua organización.
En general puede decirse que un buen porcentaje de las víctimas que aparecen en los archivos fueron militantes y dirigentes de las distintas reacciones del PGT: en la agenda del terror fueron los años de 1983 y 1984 los dedicados a aniquilar a dicha organización. Puede pensarse que esto se debió al hecho que entre 1980 y 1982 la prioridad represiva fueron las organizaciones con mayor capacidad militar y arraigo de mansas rurales. Además en 1983 y 1984 el PGT entró en la fase culminante de una profunda crisis interna producto de divergencias, que pudo ser bien aprovechada por la contrainsurgencia para asestarle el golpe final. La resistencia de la víctima de la desaparición forzada, puede ser muy bien ilustrada con los casos de los hermanos Allan y Jorge Mauricio Gatica Paz, ambos ex militantes del PGT y en el momento de su captura o intento de captura, según el archivo, militantes de la ORPA. Jorge Mauricio fue capturado el 27 de enero de 1984 y existen testimonios de que fue sacado del lugar en donde estaba secuestrado por las fuerzas de seguridad, para que reconociera a antiguos compañeros. El archivo indica que entregó a Miguel Ángel Reyes, quien fue capturado pocas horas después que Jorge Mauricio y fue ejecutado el 7 de febrero de 1984.
La mayor parte de las víctimas fueron retenidas tres, cuatro días, hasta tres semanas, antes de ser ejecutadas. Otras fueron trasladadas a la Dirección de Inteligencia del ejército o bien las bases militares  en Cobán, Mazatenango, Jutiapa y Coatepeque. Aunque no se consigna, no es difícil pensar que finalmente fueron asesinados. Otros, como David Rauda Solares, Mark Colindres Estrada, Héctor Méndez Carballo, quienes venían de EL Salvador en donde presumiblemente habían estado combatiendo o haciendo trabajo político con el Frente Farabundo Martí para la Liberación (FMLN), fueron trasladados a dicho país, a efecto de que entregaran información a las agencias represivas salvadoreñas. No sería extraño que finalmente fueran “300” en dicho áís. Este úlitmo hecho permite conjeturar que las agencias de inteligencia y represivas de ambos países mantenían coordinación e intercambio de prisioneros. Yolanda de Cardoza y Patricia Cardoza, esposa e hija de José Alberto Cardoza, principal dirigente del PGT-Núcleo fueron capturadas en la frontera entre México y Guatemala, el 2 de julio de 1984 y ejecutadas hasta el 1 de diciembre de 1984.
Otras de las víctimas fueron liberadas para efectuar contactos a través de ellos lograr que la acción represiva se expandiera lo más posible. Se trata de los chupados, como fueron llamados en la jerga de la clandestinidad en Argentina. Algunos de ellos huyeron en cuanto fueron liberados, como fue el caso del militante de ORPA entregado por Quinteros, Amílcar Orozco. Otros como Carlos de León Gudiel, fueron ejecutados dos meses después en alguna calle, por considerarse que no cumplía con eficiencia a sus funciones.
Al terminar este post scriptum, el autor no puede sino evocar algunos otros rostros de los desaparecidos cuyo destino aparece en el archivo secreto. Recuerda a Huego Adail Mérida Navarro (pedrito), en el día de su boda, bailando tango con su madre, contándonos de su sueño de hacer algún día un viaje por todas la ruinas mayas. Fue ejecutado después de atroces torturas el 29 de marzo e 1984.

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